lunes, 6 de junio de 2016

El ángel que burló al Nazismo para salvar a cinco mil judíos.




Mucha gente conoce la historia del empresario alemán Schindler que salvó a 1.200 judíos del Holocausto, en gran medida gracias a la película de Spielberg protagonizada por Liam Neeson. Pues bien, Ángel Sanz-Briz, encargado de negocios de la embajada española en Budapest, salvó a más de cinco mil judíos en las narices del mismísimo Adolf Eichmann, que había sido enviado por Hitler en persona para supervisar el exterminio de los 800.000 judíos húngaros. ¿Cómo lo hizo? Ahora mismo lo veremos.

Ángel, el diplomático 

La vida de Ángel Sanz-Briz estuvo marcada, como por todas las de la época, por la Guerra Civil. Ángel era un diplomático de vocación, este zaragozano logró su ingreso en la Escuela Diplomática tras licenciarse en derecho, donde fue sorprendido por la contienda. No lo dudó, pues era un hombre que, tomada una decisión, la seguía hasta sus últimas consecuencias; se ofreció como soldado voluntario en el ejército nacional, participando en la guerra hasta el final de la misma.
Tras la guerra, Ángel pudo volcarse ya en lo que sería su vocación, logró terminar sus estudios y ser mandado a El Cairo en lo que sería su primer destino como diplomático. En 1942, cumplidos los 32 años y poco después de casarse con la que sería su esposa hasta la muerte, Adela Quijano, fue destinado a Hungría, un estado aliado de los alemanes pero que no participaba, en ese entonces, de las atroces técnicas de exterminio nazis.

Pero lo que prometía ser un destino tranquilo en un estado aliado y alejado de los combates se convirtió en la prueba más dura para la determinación del futuro Ángel de Budapest.
El Ángel de Budapest
En marzo de 1944, las fuerzas de la Wehrmacht entraron en Hungría y tomaron el control del país, ante la exasperación de las pocas tropas húngaras que no pudieron hacer nada por impedirlo. Inmediatamente la maquinaria nazi entró en acción: la boyante comunidad judía de Hungría se vio de pronto asediada y perseguida por Adolf Eichmann en persona, mano ejecutora de la temida Solución Final. Más de 565.000 judíos, entre naturales y refugiados del resto de Europa, fueron llevados a los campos de concentración, donde gran parte pereció.

Ante ese horror, Ángel decidió no permanecer impasible. Se aprovechó de su cargo como agregado comercial de la embajada española y de la posición de neutralidad que España mantenía frente a Hitler para empezar a salvar a judíos de la maquinaria de muerte. Según sus propias palabras:
"Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200".

 Es decir, que se aprovechó de una antigua ley ya abolida, por la cual los sefardíes tenían derecho a solicitar la ciudadanía española, consiguió que el gobierno húngaro le concediese un limitado número de pasaportes y se dedicó a salvar a todos los judíos que pudo, fuesen o no sefardíes.

Pero su audacia no terminó en expedirles pasaportes, sino que alquiló hasta cuatro edificios cercanos y les colocó el cartel de "Anexo a la Delegación Española", por lo que se convirtieron en lugares extraterritoriales, y guarneció en ellos a todos los judíos que pudo, así como en la misma embajada, donde encontraron cobijo un sin número de familias antes de ser evacuadas del país.
Arriesgó mucho, pese a la protección diplomática de la que gozaba: llegó a parar en persona trenes con destinos tan funestos como Auschwitz o Birkenau para sacar de allí a judíos que ya tenían sus pasaportes españoles. En otra ocasión uno de los edificios utilizados como refugio improvisado fue amenazado por las milicias húngaras, lo que forzó la precipitada evacuación de más de 300 refugiados. Al parecer Sanz-Briz hizo llegar ayuda material para los húngaros Transilvanos y de Bessarabia que estaban siendo encarcelados por la Unión Soviética, lo que le granjeó la amistad del jefe de la división provincial, que no dudó en interceder cuando los judíos de Ángel eran atrapados por las milicias húngaras. Al final logró salvar la vida de 5.200 personas.

Sin embargo, el avance de las fuerzas soviéticas hacia Hungría hizo peligrar toda la labor de Sanz-Briz, puesto que el gobierno español había decretado la retirada de todo el personal diplomático a Suiza. En esa circunstancia Ángel se vio forzado a abandonar Budapest, pero no sin antes dejar a un colaborador suyo, Giorgio Perlasca, encargado de los judíos. Perlasca era un ciudadano honorífico español que participó en la Guerra Civil. Falsificó unos papeles y se presentó como el embajador español (sin serlo), manteniendo a salvo a todos los judíos que pudo hasta la llegada de los Rusos en 1945.

Tras Budapest
Terminada la guerra, Ángel siguió con su carrera diplomática acompañado por su mujer y sus hijas. El gobierno español reconoció su valía, puesto que le enviaron a destinos de cada vez más categoría. Fue enviado a San Francisco y Washington, Lima, Berna, Bayona, Guatemala, La Haya, Bruselas y, en 1973, a Pekín (Siendo el primer embajador español en China). Su último destino fue en la embajada frente a la Santa Sede, en Roma, una de las embajadas con mayor prestigio de todas, donde, en junio de 1980, falleció.

En 1991 fue reconocido por el Museo del Holocausto de Israel como "Justo entre las Naciones", un título reservado a los no judíos distinguidos por sus virtudes en relación a Israel y a su ley. Hay una plaza en Zaragoza dedicada a él, y ha sido objeto de varios homenajes y reconocimientos, ninguno de los cuales se le otorgó en vida (recibió, de parte del gobierno húngaro, la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara, y hoy en día su nombre aparece el segundo en una placa dedicada a los benefactores de los judíos en la sinagoga de Budapest).

En España poco se ha recordado a este héroe olvidado, apenas una emisión de un sello de correos (fue el primer diplomático en figurar en uno) y una placa en el portal de su casa en Madrid. Ángel Sanz-Briz es un nombre que ningún español debería olvidar. Al final de su exitosa carrera admitió que "lo que tuve el privilegio de hacer en Budapest fue lo más importante que he hecho en mi vida".