miércoles, 30 de noviembre de 2016

Colonialismo e Imperialismo: Consecuencias (II) - Conclusión.

Las consecuencias políticas del colonialismo dependieron del mayor o del menor grado de dependencia de los territorios coloniales con respecto a la metrópoli. El mayor o menor grado de dependencia de las colonias respecto a la metrópoli estuvo determinado por el tipo de organización administrativa que les fue impuesta.

Esa imposición no estuvo exenta de conflictos que constituyeron el germen del antiimperialismo. Habitualmente fueron protagonizados por las clases medias nativas occidentalizadas, que reclamaban a la metrópoli un mayor respeto a las tradiciones autóctonas y la participación en las decisiones que se adoptaban sobre los territorios administrados. En muchos casos los naturales de las colonias demandaron los mismos modos democráticos que las metrópolis defendían para sí mismas pero negaban a sus colonias: libertad, igualdad, soberanía nacional, etc.

Un ejemplo temprano que plasmó el espíritu de estos movimientos fue la creación del Partido del Congreso de la India, liderado por Mohandas K. Gandhi, que extendió su influencia por las capas más desfavorecidas de la sociedad colonial.

Otras consecuencias de vital importancia fueron las consecuencias culturales. El imperialismo ocasionó la pérdida de identidad de los pobladores indígenas e implantó los patrones de conducta, la educación y la mentalidad de los colonizadores. La lengua de los dominadores (especialmente el inglés y el francés) fue impuesta, conduciendo a un fuerte grado de aculturación.

La religión cristiana (católica, anglicana o protestante) desplazó a los credos preexistentes en muchas zonas de África o bien se fusionó con ellos, dando lugar a creencias de carácter sincrético.

Sin embargo en el mundo musulmán y Asia la experiencia evangelizadora fue escasa comparada con la del África negra, debido al arraigo de antiguas y complejas religiones, como el budismo y el hinduismo.

Y, por último, destacar las  consecuencias geopolíticas,que tanta repercusión tiene pasados los años en el mundo excolonial actual. Los mapas políticos se vieron alterados por la creación de fronteras artificiales que nada tenían que ver con la configuración preexistente, forzándose la unión o segregación de grupos tribales y étnicos, provocando con ello innumerables conflictos raciales que se han mantenido vivos hasta nuestros días (Ruanda, Liberia, etc.).

En cuanto a las consecuencias ecológicas, conviene tener en cuenta que  durante el proceso colonizador se produjo la introducción de nuevos métodos de explotación agrícola y de especies animales y vegetales inéditas, provocó profundas alteraciones o la absoluta destrucción de los ecosistemas naturales.

De ese modo el bisonte, esencial en la vida y cultura de numerosos pueblos indios de Norteamérica, fue casi exterminado por cazadores blancos; el conejo se convirtió en una auténtica plaga tras ser introducido en Australia y carecer de depredadores naturales.

Las grandes selvas tropicales se vieron sometidas a una intensa deforestación causada por la sobreexplotación de los recursos madereros y la expansión del monocultivo de plantación; los ríos fueron contaminados con metales pesados (mercurio y otros) como consecuencia de los métodos aplicados a la extracción de metales preciosos y los desechos procedentes de la actividad minera.

A modo de conclusión lee atentamente el siguiente texto en el que podrás leer una valoración del proceso del colonialismo y del nacimiento de los modernos imperios coloniales del XIX.

La capacidad potencial de colonización es inherente a un mundo formado por entidades políticas que poseen diferentes grados de desarrollo económico y tecnológico; las naciones poderosas siempre se ven seducidas por la idea de dominar a las débiles. Sin embargo, esta escala de poder sólo permite que la colonización sea posible, pero no la hace necesaria o inevitable. Las grandes potencias no siempre desean ampliar sus territorios y, cuando es así, las débiles consiguen frenar su avance en ocasiones.

Toda valoración moral del colonialismo debe tener en cuenta las cambiantes circunstancias históricas. Este fenómeno resulta inexcusable si nos atenemos a las normas de actuación internacionales contemporáneas, puesto que es incompatible con el derecho a la soberanía internacional y a la autodeterminación. No obstante, el reconocimiento de estas libertades sólo se ha hecho efectivo con carácter mundial recientemente, mientras que los imperios que se crearon en el siglo XIX se arrogaron la responsabilidad de gobernar a los "pueblos atrasados" y hacerles llegar los frutos de la civilización occidental.


El mejor modo de describir los efectos del colonialismo es analizarlo tanto desde la perspectiva de los colonizadores como de los colonizados. Las colonias reportaron numerosos beneficios a las metrópolis, como pueden ser la adquisición de nuevos territorios para la emigración y recursos estratégicos, y la expansión del comercio y el aumento de las ganancias económicas. Pero también el precio fue alto para las naciones conquistadoras: tuvieron que proporcionar a aquéllas infraestructura administrativa, defensa y ayuda económica y se vieron implicadas con frecuencia en conflictos que hubieran preferido evitar.