martes, 4 de noviembre de 2008

Y llegaron los Borbones y con ellos ... reformas.



Los Borbones (con los que se inicia el siglo XVIII) se preocuparon de remediar, dentro de una concepción monárquica absoluta, algunos de los defectos que padecía entonces el gobierno de España, particularmente en materia de hacienda. Para ello los reyes se sirvieron de ministros, que supieron realizar cumplidamente la obra intentada por los monarcas, tales como Ensenada, Roda, Campomanes (1710-1800), Floridablanca (1729-1811) y otros.

Los Borbones se interesaron por el progreso material del país, procurando el desarrollo de la industria, el comercio, la marina, y a la vez intentaron luchar a favor de un enaltecimiento de las clases trabajadoras honrando el trabajo manual, despreciado en épocas anteriores e imprescindibles para lograr la riqueza y bienestar del país.

Todas estas medidas se llevaron de un modo absoluto (más rígido y personal que el de los reyes Austrias), constituyendo el llamado “despotismo ilustrado”, doctrina práctica gubernativa característica del siglo XVIII en casi toda Europa. La fórmula que resume esta manera de gobernar es la de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, lo que quiere decir: “Hay que fomentar el bienestar del pueblo, pero no dar a éste la participación en el gobierno del país”.

Los reyes que más se señalaron en la aplicación a España de ese régimen fueron Fernando VI (1746-1759), sucesor de Felipe V (1700-1746) y Carlos III. Los años de paz que Felipe V mantuvo en España contribuyeron mucho al renacimiento industrial y comercial de la nación.

Carlos III, en gran medida, siguió la misma tónica, acentuando considerablemente las realizaciones. Se mejoraron las carreteras, se construyeron fábricas de nueva planta, se intentó repartir tierras a los económicamente menos favorecidos en algunas regiones del sur de España, se intentó repoblar extensiones de terreno que permanecían prácticamente desiertas, fomentó la construcción de sociedades económicas, que se preocuparon por todos estos problemas.

También, Carlos III intentó mejorar la Hacienda a través de la emisión de vales reales y la fundación del Banco de San Carlos. Fundó hospicios y escuelas profesionales para que disminuyera la mendicidad, promulgó leyes enaltecedoras de profesiones manuales, etc. En el ámbito local, Carlos III centró particularmente su mandato en introducir mejoras en la capital, fundando museos, jardines, inaugurando monumentos, fuentes públicas, etc.

El reinado de Carlos III (1759-1788) representa el momento culminante del renacimiento económico y cultural del siglo XVIII.

Transformaciones de las creencias y mentalidad en el siglo XVIII:

Se da un cambio de mentalidad, con una revalorización del trabajo manual. Este cambio de mentalidad se refleja en una serie de disposiciones legislativas dadas por los Borbones. Felipe V declara que ejercer y manejar fábricas de hilos, tinturas y demás pertenecientes a ellas no impedía la nobleza.

La disposición más importante de las adoptadas en la segunda mitad del siglo XVIII fue una Real Cédula de marzo del año 1783 sobre la consideración de oficios manuales, que declaraba que todos los oficios son “honestos y honrados” y que el uso de ellos “no envilece la familia ni la persona del que lo ejerce ni le inhabilita para obtener empleos municipales de la república en que están avecindados los artesanos o menestrales que los ejerciten”. Quedaron derogadas cuantas leyes y disposiciones ponían obstáculos a los que ejercían oficios reputados bajos.